Buenos Aires, 16 de mayo
de 2008 – Al llegar a la puerta de la Esquina
Carlos Gardel, un imponente busto del propio Carlos
nos da una sonriente bienvenida. El lugar es espléndido,
una casa de tango con todos los ingredientes necesarios
para enmarcar un excelente show.
Se abre el telón,
suenan las primeras notas, y bajo una luz precisa se erige
monumental la figura de Virginia Di Salvo,
la joven violinista que pone música junto a su orquesta
durante prácticamente todo el show.
Se trata de un espectáculo
repleto de sensaciones, con matices, momentos de relax y
picos de tensión, como el que genera la pareja que
interpreta la versión de Libertango,
del maestro Astor Piazzola; una dinámica
arrolladora que lo deja a uno al borde de la silla.
Destaca la presencia de
otro gran maestro de este arte: el gran Juan Carlos
Copes, que se da el gustazo de bailar con su hija,
exhibiendo sus 50 años de carrera y otorgándole
aun más prestigio al show.
Un párrafo aparte
merecen las dos grandes voces que interpretan magníficamente
varios de los temas del repertorio. Patricia Lasala, posee
un caudal magnífico de voz, llenando con ella su
sala y transmitiendo al público su vivencia de aquello
que canta. Y en la otra vereda, la admirable interpretación
de Rafael Rojas, que nos pone cara a cara con Gardel.
Gestos, pronunciación, voz, todo mezclado para una
composición muy bien lograda del zorzal
criollo.
Un repertorio muy
equilibrado, entretenido y profundo. Una orquesta impecable
que a cada interpretación nos vuelve a sorprender.
Cinco parejas de baile, a las que se suma el aporte del
maestro Copes, cada una con su estilo propio.
Y dos voces que nos ayudan a hacernos dueños de los
textos que cantan. Todo, mientras se disfruta de una rica
cena, en un lugar en que se respira sólo tango, pero
se hablan muchos lenguas. Esquina Carlos Gardel,
un auténtico show de Tango.